
Solo te pido que me digas la verdad, pase lo que pase, duela lo que duela. La prefiero, por encima de todo cielo estrellado que quieran regalarme; siempre antes que la canción más preciosa que puedas cantarme; y reflejando más que los trazos de fantasía más bellos que sepas pintarme, dime la verdad y sólo miénteme las veces justas para que aprenda a ayudarte.
Dispárame con una pistola de bolines y ríete de mí. Enséñame lo que te resulte más ridículo de ti y no tengas miedo a que me ría de ello.
Sóplame en la oreja cuando me pique y sorpréndeme cambiando la cara cuando tenga los ojos vidriosos. Dime que soy tonta solo cuando lo parezca. Cúentame todos los cuentos que te pida y dime que son solo fantasías, de momento.
Yo te pegaré cuando no me guste lo que dices y te sonreiré al no saber que decirte. Quizá, si te portas bien, hasta me enamore de ti sin que me lo pidas.

